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Ciudadanos de segunda: Roma.

De la serie: Relatos de viaje.

Como dice la historiadora colombiana Diana Uribe, cuando se acaban los viajes, el cuerpo llega pero el alma se demora en volver.

Esto podría describir perfectamente lo que me sucedió al regresar de este viaje inolvidable por una pequeña parte de Europa. Todavía tengo en mi mente los olores, los sabores, la sensación de asombro y como se podrán imaginar, las cientos de fotografías que tomé, que hacen que recuerde detalles insignificantes que se convertirán en tesoros para siempre.

Empezaré esta pequeña serie de relatos de viaje por la majestuosa Roma, y antes que ser una guía turística, este escrito hablará un poco de mi percepción de las cosas.

Antes de continuar debo hacer una pequeña confesión sobre mi infancia. Desde que empecé mi carrera académica o digamos que desde que me acuerdo como a los 9 o 10 años, he tenido un problema y es que a veces me cuesta atar cabos o conectar información. Les explico, cuando estábamos aprendiendo las partes del cuerpo, por ejemplo los pulmones, hacíamos dibujos aislados para concentrarnos en cada órgano, entonces en mi cabeza no había lugar para nada mas y según yo, los pulmones eran del tamaño del estomago. Después venía el hígado y lo mismo, para mi el hígado era una cosa grande que abarcaba todo. Así sucesivamente, hasta que no recuerdo bien cuando, entendí que los pulmones no quedaban en el estomago y que yo no era un hígado andante.

Lo mismo me  pasó con Roma. En algún momento en historia estudie el imperio Romano y creo que nunca hice la conexión con Italia. Para mi pensar en Roma era imaginar construcciones en mármol blanco, columnas griegas y una zona desértica, por aquello del Nilo…que aunque todos sabemos que esta en Egipto, quizás fueron dos temas que vi en el mismo año de la escuela entonces mi cerebro condensó la información y fabricó esta imagen mítica en mi cabeza.

La primera sorpresa que me llevé al conocer esta Roma del 2016 es que está poblada de los arboles mas imponentes que he visto, los pinus pinea.  Estos son arboles altísimos con unos troncos largos que apaciguan este contraste impresionante entre las ruinas del imperio con la Roma vanguardista y cosmopolita.

Siempre había oído hablar del coliseo romano pero nunca imaginé sentir lo que sentí al tenerlo en frente. Para empezar, el coliseo es una mole que se asemejaría a un meteorito que algún día cayó en medio de la ciudad. Al hacer el tour con el guía, este nos iba contando la increíble evolución de este recinto, que en sus principios fue el escenario de actos sangrientos para terminar en una construcción salvada de la demolición gracias a la religión. Para conocer la historia del coliseo puedes hacer click aquí.

Ademas, nuestro entretenido guía nos explicó cómo la sociedad romana estaba representada en la vida del coliseo. Mas o menos la “silletería” era repartida de la sigiente manera:  los asistentes se sentaban de acuerdo a su estatus quo, en las primeras filas se sentaban los personajes de la alta sociedad, arriba de ellos los artistas, más arriba los extranjeros y de ultimo los convictos. “Esta era una forma muy discriminatoria de separar las castas, pero a la gente no le importaba que la denominaran como ciudadanos de segunda categoría, si al asistir al espectáculo podían comer y emborracharse de cuenta de los emperadores” estas fueron algunas de sus palabras.

De Roma me llevé el sabor a gelato, la musica de los artistas callejeros, indiscutiblemente el recuerdo de la mejor pasta que me he comido, las vespas en las calles y porque no, la imagen de los italianos guapos y esbeltos.

Al terminar mi viaje, tuve que hacer una visita relámpago a Medellin, mi ciudad.  Pasando por un sector exclusivo de la ciudad, el conductor del taxi muy orgulloso me empieza a contar sobre la gran cantidad de proyectos de construcción que están desarrollando y hubo algo que me llamo mucho la atención. “Estos apartamentos por ejemplo son de los mas caros, tienen ascensor privado que llega al apartamento ah y otro independiente para el personal de servicio”.

Como les dije al principio, mi cuerpo ya no estaba en Europa, pero mi alma y mi mente seguían asimilando la cantidad de cosas vividas y aprendidas y lo primero que se me vino a la cabeza al oír al taxista fue la vida del coliseo. Ciudadanos, considerados de segunda que aunque están juntos, nunca serán dejados ser parte del resto.

Les comparto unas fotos de la hermosa Roma. Si tienen la oportunidad de ir no dejen de hacerlo, si no, lean, vean programas de television, viajen en sus mentes y no importa que sus cerebros creen imágenes ficticias como de niño de cuarto de primaria.

Conocer el mundo está en cada uno, entenderlo también.

Ciao!

Paula.

 

 

 

 

 

Los Aeropuertos: cemento y vida. 

No existe lugar con más sentimientos que un aeropuerto. 
Desde que era una niña sentía emoción de ir a llevar o recoger a la gente. Por mucho tiempo mi papá trabajó fuera de la ciudad durante la semana y los viernes volvía a casa. Cada semana al irlo a buscar al aeropuerto sentí la misma sensanción de asombro y de querer ser yo la que recorría el mundo. 

Los años pasaron y han sido varios aeropuertos y una mezcla de sentimientos han pasado por mi mente . Digamos que ha sido una salsa agridulce. 

Cuando me despiden, cuando yo los despido, cuando nadie ha estado ahí para decirme adiós, siempre, en cuestión de minutos me pasa la vida como un álbum de fotos e historias y digo en mi mente “espero que no sea la última vez”. 

Hoy, desde un avión, tengo dos pequeñas historias para contar que me quedaron en el corazón.

Ayer cuando estaba viajando a Colombia conocí a una familia muy especial. Sentada a mi lado había una mujer con razgos indígenas muy marcados y estaba cargando a una bebé de piel blanca, como de esas de comercial. Traté de verles el parecido pero no lo encontré. En el otro asiento, estaba un hombre blanco con facciones muy pulidas y con un español impecable me pregunta, a qué horas llegamos a Bogotá? 

Pasaron las horas y mi vecina de asiento me empezó a conversar y me contó que su esposo, el hombre de revista sentado al otro lado del pasillo, era misionero en su pueblo en Brazil. Ese día estaban de regreso a casa desde Canadá donde siempre iban a tener a sus hijos. La bebé era la última de esta familia de la que me hubiera gustado conocer un poco más.

Por otro lado, estando en inmigración, uno de los oficiales interrumpe al agente que estaba documentando mi entrada al país y le dice “estas dos personas entran como deportadas”. Era una pareja de jóvenes, con caras cansadas y supongo que con una maleta llena de sueños interrumpidos.

Se me arrugó el corazón.

Historias como las de estas personas, como las mías, como la de Julia, como las de miles de viajeros, hacen que los aeropuertos sean moles de cemento cargados de vida. 

Bon voyage!  

 -Paula. 

El día que me vine a vivir a los Estados Unidos.

Por: Paula Gallego

Fue un veintitanto de Julio del año 2000 algo.  Me acompañó al aeropuerto una delegación de amigos cercanos y mi familia. Ese día almorzamos en la casa de mi mamá sancocho Antioqueño, porque quién sabe cuando volverás a comer sancocho, decían.

Durante la comida, los más bilingües me instruyeron en las palabras que según ellos me sacarían de apuros, “mientras aprendes el Idioma que posiblemente va a ser muy rápido”. Creo que puedo decir que la primera palabra que aprendí antes de montarme al avión fue “refill” que significa volver a llenar algo, la coca cola por ejemplo.

Todos estaban muy felices por mi, con mucha nostalgia también, pero sobre todo con mucha expectativa. Me estaba yendo tras un amor. Así como lo oyen, dejé todo en Colombia por el amor de mi vida.

Bueno ese “todo” es relativo porque no tenía nada; un diploma recién recibido, un trabajo de principiante y una cuenta de banco con fondos… En bajo.

Pensándolo bien, si estaba dejando mucho, no solo mi familia y mis amigos, sino mis años de educación, los olores, los paisajes, mi forma de hablar español, mi manera de percibir el mundo, mis recuerdos.

Llegar a Boston fue una de las experiencias más mágicas que me han pasado en la vida, todo me parecía lindo, todo me olía rico y todo se me hacía divertido.

Llevando una semana de desempacada, me dice mi esposo mi novio en aquel entonces, te voy a llevar a East Boston el barrio colombiano a comer sancocho. Primera decepción para mi comité de despedida.

Estando en el restaurante, así de aventada que soy le dije al administrador, ¿no necesita meseras? Me miro de arriba abajo y en dos minutos me dijo “empieza en dos semanas”.

Este era un restaurante colombiano, pero cuando digo colombiano, me refiero a las pequeñas cafeterías de pueblo donde venden empanadas, chorizo, pandebono, mondongo, bandeja paisa… En fin, lo que ni los que estamos en Colombia comemos normalmente. Así, empecé mi trabajo de fin de semana donde me hacía un dinero extra y durante la semana estudiaba inglés.

Con los días empecé  a aprender que todas las meseras del restaurante eran de un pueblo de Antioquia, mi estado o departamento, llamado Don Matías. Todas habían migrado a los Estados Unidos buscando una vida mejor para ellas y sus hijos a quienes habían dejado al cuidado de sus abuelas o algún otro familiar.

¿Y vos como llegaste? Me preguntaban. Y yo, no pues hice escala en Atlanta a visitar a una amiga. ¿Ah no te viniste por el hueco? A partir de ese momento, mi percepción del inmigrante cambió por completo.

Digamos que mi nivel de inglés era -1. Supuestamente en mi colegio contábamos con una de las mejores profesoras de inglés de la ciudad, pero yo era demasiado indisciplinada para aprender.

A medida que avanzaba en mis cursos mi inglés mejoraba un poco, pero a mis compañeras del restaurante les parecía que yo hablaba divino cada que el mismo policía americano venía por su café.

Estas mujeres nunca aprendieron a hablar inglés. ¿Pero como es posible que uno viviendo en Los Estados Unidos por años no domine el idioma? Es la pregunta que varias personas me han hecho con los años y la respuesta es simple. Para aprender a hablar inglés en este país se necesitan dos cosas, dinero y tiempo.

Cuando uno tiene dos o tres trabajos y el único tiempo que le queda libre es para lavar la ropa y asear un poco su casa, y además vive en una comunidad donde la mayoría de la población habla español, es realmente difícil aprender a hablar inglés.

Yo no hacía parte de este grupo, pero el factor tiempo hizo que tardara en dominarlo. Aunque cuando después de un año hablaba con mis amigos en Colombia y me decían, ¿y que ya lo hablás y lo entendés? Segunda decepción para mis mentores, el inglés no entra por ósmosis.

A diferencia de lo que yo pensaba de Boston que todo era espectacular, a estas mujeres la ciudad, el país, el trabajo del restaurante les sabía a lo que sabemos, y su único anhelo en la vida era volver a su pueblo natal.

Para conocer un poco más sobre este fenómeno migratorio que tuvo origen en las montañas de mi región, los invito a leer aquí. 

En 11 años mi percepción ha cambiado por completo y aunque cada día soy más colombiana, cada vez me siento menos de allá y siento que nunca seré de aca.

Acá les dejo esta canción que en su título resume lo que sentimos muchos inmigrantes.

-Paula.

El arte de ser mamá

Por: Paula Gallego.

En un  día de carreras por la mañana, llega mi hijo a la cocina a desayunar y me dice, mami yo no me quiero poner esta camisa de Star Wars, y no es que no le guste porque se sabe el nombre hasta del último personaje, sino que sentía pena de que sus amigos del colegio lo vieran con ella puesta.

En ese momento, como cuando en las caricaturas veíamos el diablito y el angelito hablando en la mente, se me presentaron estos dos escenarios:

-Pero porque no te las vas a poner,  tu sabes que hay niños que no tienen nada para ponerse?

-Ok, anda a cambiarte.

Me imagino que si buscara el respaldo psicológico de cada respuesta,  encontraría que en la primera,  le estoy enseñando a mi hijo a valorar lo que tiene y  a acomodarse a lo que hay. También podría estar imponiéndole mi voluntad y no lo estaría dejando desarrollarse como persona, o peor aún, lo estaría convirtiendo en un niño mimado que la mamá todavía le escoge la ropa.

Con la segunda, que fue la respuesta que en este nano segundo de debate en mi mente escogí, me imagino que lo dejé tomar sus propias decisiones para no afectarle su autoestima y su seguridad frente a sus amigos. O por el contrario, me mostré como una mamá débil que el niño controla con el dedo meñique.

Creo que todas mis conclusiones tienen sentido, pero lo que para mí es bueno para otro puede no serlo.

Para mí como mamá y me imagino que para muchos padres también, vivir en esta era de explosión de la información es un completo reto. Ahora todos son psicólogos, pedagogos, nutricionistas, académicos y demás, y estamos expuestos a un debate constante de si lo que estoy haciendo lo estoy haciendo bien o mejor voy a ver que dicen las Wikis o cualquiera que sea el grupo de Facebook que seguimos. Esto sin contar con la competencia que entre padres nos hacemos con nuestros hijos.

Como decía el filósofo suizo, Jean-Jacques Rousseau “el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe”, yo estoy plenamente convencida de que todos vinimos a este mundo con las mejores intenciones y sobre todo las mamás siempre queremos hacer lo mejor para nuestros hijos. De alguna manera la vida va mostrándonos cuál es el camino “correcto” para criarlos.

Ahora que celebramos el día de las madres, no se olviden de rendirse un homenaje a ustedes mismas y recuerden cual es el verdadero sentido de esta festividad. Aunque suene a cliché, nosotras generamos vida. Para mi dar a luz fue estar conectada a muchos aparatos, con varios médicos cuidando que no fuera a pasar lo peor. Para mi mamá, fue entrar en un paro respiratorio y conocerme a los 4 días. Para la mayoría de mis amigas, sus días de parto fueron como de comercial de Johnson & Johnson. Cada historia, cada mamá, cada familia es distinta, así que no se preocupen que lo que están haciendo, lo están haciendo bien.

Feliz día de las madres para todas.

-Paula.

A mi me gustan los perfumes caros

De la serie: Mercadeo para no marketeros.

Por: Paula Gallego

Decir que iba a estudiar publicidad fue un poco impactante para mis padres. La primera reacción de mi papá fue decirme que el era ingeniero, que mi hermano era ingeniero y por lo tanto yo debia ser…

Pero la niña, que simpre ha tenido determinación, se matriculó en la universidad para ser publicista. La verdad es que ni yo misma tenía mucha idea de qué sería de mi vida cuando fuera grande. Sabía que la palabra correcta no era propaganda sino comercial, que solo los “creativos” llegaban lejos y que tenía que comprar una lonchera con marcadores, colores y prepararme para trasnochar. Desde eso, han pasado más de 15 años ya.

Recuerdo algo que dijo un profesor loco, en el buen sentido de la palabra, uno de los pioneros de la publicidad en Colombia, y es lo que vivimos, leemos, escuchamos, chateamos y consumimos hoy en dia: Los estilos de vida.

Para ponerlo en palabras simples, los productos estaban pensados para públicos muy definidos pero a la vez muy limitados y esto se veia reflejado en su publicidad. Por ejemplo, un Mercedes Benz se suponía que era para personas de “clase alta”, con alto nivel educativo y de cierta edad para adelante.

El ejemplo que mi profesor usó en aquella época fue más o menos el siguiente: “imaginen a una secretaria que se gana un salario mínimo, que vive con sus padres en un barrio de clase baja-media, que compra la ropa al crédito pero toda de marca y que le gustan los perfumes caros” Esta mujer no encajaría en lo que llamamos en publicidad en una “segmentación” específica. Tiene un origen socio económico pero sus patrones de consumo son de otro segmento. De ahí viene el concepto que hoy conocemos como estilos de vida o “life style”.

Los productos dejaron de ser productos, ahora nuestra tarea como mercaderistas o publicistas es vender “experiencias”, sentimientos, satisfacción. Para mi es contradictorio porque en mi día a día es lo que hago, pero también me cuestiona qué estamos haciendo vendiendo “vidas perfectas”, casas decoradas para una foto de Pinterest, niños de comercial, caras sin arrugas, cuerpos agotados de vivir en un gimnasio?

Creo que toda esta onda aspiracional en la que estamos nos está alejando de lo simple. Aclaro que mi gran pasión es el mercadeo y si tuviera que decirle otra vez a mis papás que sería publicista lo haría una y otra vez, pero tengo esta inquietud interna de cómo hacer para darle un vuelco a esta tendencia de lo perfecto y volver a apreciar nuestras vidas imperfectas?

Recibo comentarios de mis colegas y de la gente normal también.

Si entiendes inglés este video es una pequeña sátira del “Life Style”. Haz click aquí.

 
-Paula.

 

 

 

Simplemente me harté

Por: Paula Gallego.

Me cansé de levantarme antes que mis hijos y llegar a casa después de cenar, me cansé de tener las cuentas llenas de dinero pero sin mucho tiempo de poder viajar. Me cansé de sentirme estresado en las noches y no poder descansar…

Me imagino que fueron algunos puntos en la lista que hizo renunciar al presidente de Bancolombia, el banco más poderoso de Colombia y uno de los más influyentes de Latino América. Su historia aquí.

Cada vez son más los “presidentes de Bancolombia” que renuncian a una vida de éxito pero sin duda de ataduras.

Conozco muchos ejemplos de personas que han dejado su trabajo “estable” para irse a aventurar como independientes, para viajar, o simplemente para disfrutar a sus familias.

Rayando en los 40, vengo de una generación donde nos enseñaron a que no estudiar no era una opción, trabajar duro en la juventud e ir ascendiendo para “conseguir” y después disfrutar en la vejez, era el camino.

Actualmente estamos entrando en lo que yo llamaría “la era del goce”. Todo aquello que nos brinde satisfacción inmediata es lo que nos mueve. “¿Para que matarnos trabajando y dejar a nuestros niños en manos de empleadas o en las escuelas hasta casi la hora de cenar?
“¿Para que quiero ahorrar para comprar una casa, si ahora que tengo la edad ideal para viajar es cuando necesito ese dinero?

Son preguntas que miles de personas se hacen hoy en día. A este grupo pertenecen los tan nombrados millennials, que son los nacidos entre 1981 y 1995 que mueven actualmente la fuerza más poderosa de trabajo y consumo en el Mundo. Para conocer y entender los millennials haz click aquí.

También conozco varios de la vieja guardia que cuestionan este grupo poco comprometido laboralmente. Que sienten incertidumbre por estos “pobres” jóvenes que están arriesgando su vejez y su seguridad futura.

La sociedad siempre está pautando nuestro proceder con ciertos patrones que nos hacen pensar de cierta manera. Pero es cuando personas como el presidente de este banco que está por muchos años lejos de ser un millennial le lanza una cachetada a sus contemporáneos y asiduos trabajadores y les recuerda que aunque es importante tener un mañana seguro, es también muy importante estar ahí para la familia.

La vida de cada persona es como una huella dactilar, única y unas más complicadas que otras, pero está en cada uno tratar de encontrar el balance perfecto.

*Foto tomada en un viaje inolvidable a California. Para mi viajar, disfrute del hoy y recuerdos del mañana.

 

El día que me encontré con el SIDA

Por: Paula Gallego.

Una noche, hace mucho tiempo cuando era universitaria en Medellín, venía de la disco tienda donde trabajaba -que por cierto me cambió la vida porque allí conocí a ese cliente insistente que iba a escuchar música y comprar CD’s sólo para verme… Ya se imaginarán quién es, pero eso merece un artículo aparte- me bajé del metro, tras un día largo de clases en la universidad y 8 horas de trabajo, totalmente agotada físicamente, con hambre y renegando porque tenía que trabajar y no podía vivir mi vida “normal” de universitaria como todos mis otros amigos.

Comencé a caminar hacia mi casa y muy enojada me puse a hablar con Dios, le pasé la lista de todos los por qués que tenía en el momento. De pronto un hombre se me acerca y me dice “niña no tiene algo de dinero para que me ayude? Soy enfermo de SIDA  y voy de camino al hospital porque me están fallando los pulmones. Como no tengo para pagar el tiquete del bus son dos horas caminando, pero si usted me colabora puedo llegar más rápido”.
Dicho esto, empecé a llorar y a pensar que hacía un minuto yo estaba renegando de mi situación y ahora se me aparecía este hombre para darme una lección de vida. Mientras el trataba de calmarme, nos sentamos en la acera y empezamos a conversar. Me contó de su enfermedad y me dijo que por su situación se había quedado sin trabajo y su familia le había dado la espalda. Yo, muy conmovida, saqué el único billete que tenía y lo cambié para darle la mitad. El, agradecido, me escribió una nota en mi cuaderno con su nombre y el teléfono de la fundación donde vivía.

Seguí caminando con la mente revuelta, muy impactada por conocer a alguien con sida y, lo peor, en esas condiciones. Nunca paré de llorar…

Cuando llegué le conté la historia a mi familia y todos concluimos que había sido una señal divina, se me había aparecido el  “Ángel de la Guarda”. Fue un momento familiar de reflexión, de cuestionamiento  y de agradecimiento por la vida.

Esa noche no dormí. Estaba conmovida por varias razones. Tener SIDA! Qué horrible debía ser esa enfermedad que sólo había visto en películas. Estar solo por la vida batallando con semejante condición, pero lo que más me hizo pensar era mi cansancio y frustración. Esa frase de “cuando creas que estás mal mira para abajo” me salía a la perfección.

Al día siguiente llegué a mi trabajo, repetí la historia y una amiga me dijo: “llamemos al número que te dio para saber cómo está”.

Efectivamente era el número de una fundación, pero cuando preguntamos por Carlos nos dijeron: “Carlos es un estafador que pide en nombre de esta institución, es cierto que él  está infectado con sida pero se aprovecha de su condición para engañar a la gente.”

-Silencio.
-Risas.
-Decepción.

Varias cosas aprendí de esta anecdótica situación: realmente nunca estamos tan mal como pensamos, siempre habrá alguien en peores condiciones. Con respecto al engaño, está en todas partes pero lo que hacemos con él es lo que nos diferencia de quien lo perpetra.

Del  SIDA he aprendido  que con los tratamientos y avances de la ciencia de hoy en día, el pronóstico de vida ha aumentado para muchos pacientes. Para conocer más sobre esta enfermedad he encontrado este website.

Gracias por leer!

-Paula.

El paracaídas de los 40

Por: Paula Gallego

Así como cambia la paleta de colores en las estaciones y empezamos a ver los tonos tierra en el otoño o los azules durante el verano, las redes sociales son un indicador generacional fascinante donde vemos como cada etapa de la vida se ve reflejada en las publicaciones de nuestros amigos.

No puedo negar que para mi el tema de la edad es complejo. Hago bromas todo el tiempo sobre mi edad, me quito los años y alardeo de estar vieja, pero en el fondo sé que estoy en la flor de la vida y estoy inmensamente agradecida de tener salud y un despertar cada día lleno de oportunidades. Mi problema con la edad, diría yo, es la nostalgia.

Este último cumpleaños pasó sin pena ni gloria. No fueron los temidos 30, ni los fabulosos 35 y tampoco califiqué para la gran celebración de los 40. Cumplí esos despersonalizados 38 donde, como me lo dijo la dermatóloga en estos días “estás muy vieja para tener ese acné” pero a la vez sigo joven y con la seguridad de querer devorarme el mundo.

Volviendo al tema de las redes sociales, me imagino que les ha pasado que sus bandejas se llenan de fotos de bebés, primeros días de colegio, viajes, fiestas de la universidad, etc. De acuerdo a sus etapas de la vida, es lógico que en sus círculos sociales esté pasando lo mismo. En mi caso, he encontrado algo que me ha llamado la atención y son las fotos en paracaídas.

A simple vista hacer cosas fuera de lo normal al rededor los 40 tiene mucho sentido. Cosas como volverse piloto de motocicleta, empezar a practicar kite surfing, hacerse un tatuaje, renunciar al trabajo y aventurarse en ser independiente, dejar a su esposo o esposa por carne más fresca o dar el tán de moda salto en paracaídas, podrían significar símbolos de libertad o quizás de rebeldía.

Todos estos cambios son más conocidos en Inglés como “the middle age crisis” o la crisis de la edad mediana. En 1980 este tema empezó a tomar fuerza entre los psicólogos y aunque su nombre lo indica no es necesariamente una crisis sino más bien un punto de transición en la vida adulta.

Personalmente lo veo como una parada de pits. Desde pequeños hemos estado preocupándonos por salir adelante con nurstros estudios, tener un trabajo exitoso y formar una familia. A este punto, varias cosas de esa lista es muy probable que estén resueltas y sino, queremos tomarnos ese tiempo para satisfacernos a nosotros mismos y olvidar por un momento todos a los que hemos querido impresionar durante la vida.

Por mi parte, mi más reciente muestra de reveldía fue hacerme un tatuaje temporal en la playa que me duró lo que dura el pelo cepillado en noche de lluvia. A los que se han tirado del paracaídas, mis respetos, no los envidio pero si eso los hace felices los aplaudo.

Como dicen por ahí, no es ponerle años a la vida, sino vida a los años.

Y a la dermatóloga, que gracias por el piropo.

-Paula.

Fuente: http://www.webmd.com/depression/features/midlife-crisis-opportunity

Tu choripán y mi empanada

Por: Paula Gallego

Viviendo en un país que no es el mío, he tenido la fortuna de conocer gente de muchas partes. Físicamente he aprendido a diferenciar de qué país de Latinoamérica son la personas. Conozco acentos, evito decir “coger” porque sé que para los Mexicanos significa otra cosa, pero lo mejor de este intercambio cultural al que he estado expuesta por años, es que he conocido un sin número de comidas típicas deliciosas.

empanadaNuestros amigos argentinos nos introdujeron al choripán y nosotros de paso, les mostramos la empanada colombiana. Los dos platos son comidas que se consiguen en la calle en sus respectivos paises. El choripán para los que no lo conocen, es un chorizo asado muy aliñado en un pan francés y acompañado del tradicional chimichurri argentino. La empanada por su parte, es un pastelillo de masa relleno y frito.

Así como la vida del inmigrante se compone de cargar consigo su tradición pero abrirle campo a cosas nuevas, la vida de pareja no es nada menos que sumar nuestras costumbres a las de nuestra media naranja. Muchas veces hemos oído decir a los hombres “la receta de mi madre era la mejor” y nosotras como esposas, hemos querido estampillar la olla en sus cabezas, pero los resignados han empezado a acostumbrarse a nuestra sazón por amor o por sobrevivencia.

La culinaria como la convivencia tienen su ciencia. Todos los días hay que tratar de que las cosas salgan bien, aunque haya días en que sin razón la sazón no sea la misma. Para los puristas argentinos quizás el chimichurri hecho por un cocinero de empanadas no sea el más parecido a la receta original, pero no significa que sepa mal. Adaptar el paladar a nuevos sabores, es como  adaptarnos cada día a las cosas del otro.

Salud por estos 10 años.


		

23 y yo

Por: Paula Gallego.

Gracias al amor y el interés que tiene mi esposo por la ciencia, hace unos meses nos hicimos un estudio genético donde aprendí cosas muy interesantes sobre mi… Y sobre los otros.

Para empezar, descubrí que tengo más del 80% de ascendencia Europea, con 38% Ibérico, un alguito de Italiana y mucho de Europa del Sur aqui donde me ven. Realmente no es sorpresa ya que fuimos colonizados por España.

En cuestiones de salud tengo riezgo de sufrir ciertas enfermedades más que otras, pero para no entrar en detalles digamos que de algo nos vamos a morir.

Descubrí también que mi cuerpo responde de ciertas maneras a estímulos externos como medicamentos, al ejercicio y al alcohol. Y es aquí donde se pone interesante.

Mi cuerpo metaboliza muy rápido los medicamentos para la gastritis, ahora entiendo mis odiadas agrieras. Me dice también que soy de contextura mediana a delgada y que respondo al ejercicio. Por el Lado del alcohol, tengo toda la tendencia alcohólica.

Más allá de la explicación química y científica de como están compuestas las moléculas de mi cuerpo, me quedan varias reflexiones. Cada ser humano es un universo distinto, con millones de componentes que nos hacen actuar y vivir como vivimos.

Para llevarlo al lenguaje coloquial, cada vez que decimos cosas como, ese tan borracho, aqella como está de gorda, porque no haces esta dieta, esque no haces ejercicio porque no quieres… Estamos prejuzgando sin saber que cosas pasan por el cuerpo, la mente, el corazón y el ADN de esa persona.

Si quieren saber más de este test, me pueden contactar o ir directamente a 23andme.com y sé que se van a fascinar.

Nota: La foto fue tomada en las costas de California y hago alusión a ella porque aunque no haya salido en mis genes, siento un amor profundo por el agua y en especial por el mar. Para más fotos de este viaje visita paulagallegophotography.com

 

-Paula.